¡Nos mudamos!

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Este es el último post que publicamos aquí pero no es un adiós para siempre sino que ¡¡’nos mudamos’ a la Página Web de OBS Online Business School!! 

En el espacio de Tendencias e Innovación OBS encontraréis los mismos posts que hasta ahora; con las mismas temáticas, ponentes interesantes y posts nuevos.

 

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La Triple ‘A’ y el Triple Cambio

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He hablado en anteriores posts sobre lo que denomino la triple ‘A’: Autoconocimiento, Actitud y Acción. Ellas, mis tres ‘A’ son la razón de que Éxito se escriba con ‘A’. También me habréis leído haciendo apología del cambio, como único motor para el camino hacia la excelencia. De hecho, como dijo Darwin el cambio es necesario para la pura supervivencia: “Las especies que sobreviven no son las más fuertes, ni las más rápidas, ni las más inteligentes; sino aquellas que se adaptan mejor al cambio”.

Como dijo Marcel Proust, aunque nada cambie, si yo cambio, todo cambia. Y es que nadie duda de que estamos en tiempos de cambios. Pero la buena noticia es que siempre han sido tiempos de cambios. Creemos estar en un momento único, pero la humanidad lleva millones de años evolucionado gracias al cambio. Un cambio deseado o un cambio impuesto. Un cambio progresivo o un cambio disruptivo. Y, en la mayoría de los casos, encontramos factores comunes, como la resistencia o el miedo.

Hoy me gustaría teorizar un poco más sobre el cambio, hablando de lo que considero son los tres tipos más importantes de cambio:

Abordaremos primero el punto más importante: el cambio interior, el cambio de nosotros mismos, el lanzamiento de una nueva versión de nosotros mismos. Para ello debemos partir de un elevado nivel de Autoconocimiento, como el que nos proporciona el DAFO Personal ®. A partir de este, iniciar el cambio interior será cuestión de interpretar el resultado. No me cansaré de repetir que tenemos dos caminos: focalizarnos en los puntos débiles e intentar minimizarlos, o focalizarnos en los puntos fuertes e intentar potenciarlos. Estoy convencido de que la segunda opción es la que nos da más probabilidades de éxito. La primera nos convertirá en una versión mejorada de nosotros mismos, la segunda, en la mejor versión posible.

A continuación hay que considerar el cambio en lo que nos rodea, el cambio hacia fuera, la fijación y el camino de la acción para alcanzar nuevos objetivos. Este cambio tiene mucho que ver con la Acción, con la fijación de objetivos, que como vimos, deben ser SMART (Específicos, Medibles, Alcanzables, Relevantes y ligados al Tiempo). Se trata de fijarse objetivos de cambio y hacer que estos pasen, en lugar de esperar a que simplemente pasen. De nuevo tienes una disyuntiva: qué asiento prefieres: el del copiloto o el del conductor. Estás claro cual considero que es el que te maximiza las probabilidades de éxito.

Finalmente, debemos saber gestionar los cambios imprevistos, aquellas situaciones quizás impuestas o simplemente casuales que nos cambian el escenario. Y aquí, al no poder escoger las cartas con la que jugamos esta manga, debemos sacar el máximo partido de ellas, y ello se consigue con una efectiva gestión de la Actitud. En cada cambio imprevisto la actitud adecuada, no existe una actitud universalmente correcta. Lo que si es óptimo es decidir nosotros la actitud con la que enfrentamos el cambio. Y esto sólo depende de nosotros. Recordemos que el que manda, está en nuestra cabeza.

 

Escrito por: Lluís Soldevila

Felicidad y objetivos

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Prometimos hoy presentar los tres tipos de cerebros que tenemos. Efectivamente son tres, puesto que el cerebro humano consta de 3 formaciones o cerebros independientes que controlan distintas funciones del cuerpo, afectando directamente a nuestra salud, bienestar y rendimiento personal, profesional o académico. En orden de evolución estos 3 cerebros son el reptiliano, el límbico y el neocórtex.

El reptiliano regula las funciones fisiológicas involuntarias de nuestro cuerpo y es el responsable de la parte más primitiva de reflejo-respuesta. No piensa ni siente emociones, sólo actúa cuando nuestro cuerpo se lo pide: control hormonal y de la temperatura, hambre, sed, motivación reproductiva, respiración… Por encima del reptiliano, tenemos el sistema límbico, un almacén de nuestras emociones y recuerdos donde experimentamos penas, angustias y alegrías intensas. Entre las funciones y las motivaciones del límbico están el miedo, la rabia, el amor maternal, las relaciones sociales, los celos… Aquí es donde, además de otros importantes centros como el tálamo, hipotálamo y el hipocampo, se encuentra la amígdala cerebral.

El procesamiento de las emociones está situado en la amígdala, un pequeño grupo de células localizadas a los lados del cerebro. Una de las funciones de la amígdala, considerada la base de la memoria afectiva, consiste en escudriñar las percepciones en busca de alguna clase de amenaza. De este modo, se convierte en un importante vigía de la vida mental, una especie de centinela psicológico que afronta toda situación considerando una sola cuestión, la más primitiva de todas: ¿existe amenaza? En el caso de que la respuesta sea positiva, la amígdala reaccionará al momento poniendo en funcionamiento todos sus recursos neurales y cablegrafiando un mensaje urgente a todas las regiones del cerebro para que actúe en consecuencia. De esta manera, de la amígdala parten impulsos nerviosos que llegan a regiones cerebrales muy diversas que guardan relación con importantísimas funciones vinculadas a las emociones: expresiones faciales de miedo, secreción de algunas hormonas, aumento de las frecuencias cardíaca y respiratoria, etc.

El sistema límbico está en constante interacción con la corteza cerebral. Así, una transmisión de señales de alta velocidad permite que el sistema límbico y el neocórtex, corteza o cerebro racional, trabajen juntos. Esto es lo que explica que podamos tener control sobre nuestras emociones. Es importante que durante nuestros 2 primeros años de vida nos hayamos sentido protegidos ya que el calibrado de la amígdala se realizan en este período de la vida. Probablemente una persona que haya recibido afecto y estabilidad entre los 0-2 años, naturalmente mostrará una mayor capacidad de gestionar emociones como el miedo y la ira de la manera adecuada.neurocualitativa

El neocórtex, que se aloja en la corteza cerebral, está a cargo de altos niveles de pensamiento y es la parte más “moderna” del cerebro. Es el asiento del pensamiento, contiene los centros que comparan y nos permite tener sentimientos con respecto a las ideas, el arte, los símbolos y la imaginación. En él encontramos el lóbulo frontal, una parte de nuestro cerebro que más vale tener en forma pues se encarga de la toma de decisiones, proyectos y conductas autónomas. Es el responsable de nuestra vida consciente, de las decisiones que tomamos a diario y de los planes que hacemos. Quien tiene bien desarrollada esta parte de su cerebro y la tiene entrenada es un ser previsor, sabe adelantarse y estar prevenido ante posibles incidencias que pueden ir surgiendo, usa bien su mente lógica y toma decisiones responsables. Además, posee importantes conexiones con el resto de cerebro. Es como un director de orquestra que se encarga de tomar la información de todas las demás estructuras cerebrales y coordinarlas para que hagan su función. En definitiva, es el timón de nuestra vida pues nos da la capacidad de pensar y manejar nuestros instintos y así diferenciarnos de los animales. Es un arma poderosa de nuestro cuerpo y de su buena formación depende nuestra vida y la calidad de las relaciones que establecemos con los demás.

El lóbulo frontal está en equilibrio con la amígdala, una constante lucha entre razón y emoción. Y algo que en los días que vivimos es interesante tener en cuenta es que este equilibrio mucho tiene que ver con el estrés. Cuando nuestro cerebro se ve afectado por el estrés el funcionamiento de la amígdala se dispara. Si bien en un estrés normal este centro cerebral segrega mayor cantidad de glucosa y dopamina que en condiciones normales, frente a un estrés continuado la glucosa deja de emitirse y baja la concentración de dopamina. Cuando esto sucede se frena automáticamente la creación de neuronas e, incluso, si estamos sometidos a un estrés muy intenso este proceso puede acabar con la muerte de ellas. Por ello es de vital importancia que seamos capaces de reducir nuestros niveles de estrés en la vida cotidiana y uno de los mejores recursos para conseguirlo es aumentando la sensación de control.

  • Y ¿cómo conseguimos esto?

Mediante la fortaleza que te otorga la claridad en tus objetivos para saber siempre dónde te encuentras y la dirección que debes seguir. Hemos habaldo en numerosos post de la importancia de los objetivos, y hoy hemos visto una justificación más de su importancia, esta vez a nivel anatómico.

Tanto es así, que el científico estadounidense Erick Kandel llegó a comprobar mediante sus investigaciones con descargas eléctricas en ratones el fuerte vínculo existente entre la felicidad y la seguridad. El premio Nobel observó que cuando los roedores se sentían seguros de no recibir descargas eléctricas se activaban en sus cerebros las zonas del placer. En conclusión, los ratones experimentaban felicidad a través de la sensación de seguridad.

Escrito por: Lluís Soldevila

¿Quién manda aquí?

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Podemos hablar de objetivos, de actitud, de aptitud y de un sinfín de valores necesarios con los que idealmente debes contar para lograr tus metas en la vida, sin embargo, el ordenador central del ser humano es el cerebro. Es en él donde se generan todos los procesos que te permitirán materializar tus deseos pues el optimismo, la perseverancia, la claridad, la tenacidad, el método, etc., nacen originalmente de tus pensamientos. Dicho en otras palabras, el cerebro es el que manda así que de la manera en que la física y la química funcionen en su interior dependerá cómo construyas tu vida (no olvides que el pensamiento es el antecedente de la acción según vimos aquí). De esta manera, en los humanos este complejo órgano cuyo peso corresponde tan sólo al 2% de nuestro cuerpo, consume el 20% de su energía en funciones introspectivas, es decir, en pensamientos. La lectura de este planteamiento es simple, si el cerebro es tan importante para nuestra vida primero, no está de más conocer un poco más de él y segundo, es vital aprender a gestionar nuestros pensamientos.

Esta gestión tiene una doble vertiente pues implica tanto la capacidad de aprendizaje como la de desaprendizaje, algo fundamental para cambiar tu vida. Para que empiecen a surgir ideas nuevas primero debes poder asumir ciertas enseñanzas y, por lo tanto, desaprender lo aprendido. Es una cuestión tan sencilla como que para llenar un vaso antes debe estar vacío. El problema es que por simple que parezca esta afirmación, desaprender es un proceso para el cual presentamos fuerte resistencia y cierta dificultad. Así lo demuestra un experimento realizado con monos y que consistía en colocar dentro de la jaula un apetitoso racimo de plátanos que cuando los ingenuos primates iban a capturar hacía activar un sistema de lluvia. A base de desagradables tormentas inesperadas el grupo de simios aprendió la consecuencia de lo que suponía hacerse con los plátanos y desistieron en el intento. El experimento continuó introduciendo a un nuevo mono en el grupo que no tenía aprendido este estímulo. Una vez que este último integrante vio el racimo de plátanos fue instintivamente a buscarlo pero el resto de los monos le impidió hacerlo impulsados por el miedo a la pequeña tormenta. A partir de entonces, los investigadores iban extrayendo progresivamente a los monos que habían vivido la experiencia de la lluvia y sustituyéndolos por nuevos. De esta manera,  llegó un momento en el que el grupo entero de primates estaba constituido únicamente por integrantes que no habían experimentado las consecuencias de hacerse con el racimo de plátanos pero que habían aprendido que no debían acercarse a ellos. ¿Cuánto tiempo pasará hasta que uno de ellos se atreviera a desaprender lo aprendido y a coger los ansiados plátanos? La investigación no llegó a este punto innecesario, al fin y al cabo,  para observar la dificultad que experimentamos en el proceso de desaprendizaje.

Por otra parte, resulta interesante el concepto de parto precoz que experimentamos los humanos con respecto al resto de los animales. Y es que nacemos antes de tiempo, cuando nuestro cerebro aún no está del todo acabado. Esto es debido a que a lo largo de la evolución este órgano ha ido ampliando su tamaño. Es decir, cada vez tenemos un cerebro mayor y, en contraposición, nuestras caderas se han estrechado por el hecho de pasar de caminar de cuatro patas a la bipedación. El resultado es que nacemos con el cerebro inacabado aún ya que si esperáramos a que se desarrollara del todo su tamaño impediría la salida por el conducto normal materno.

Por ello he decidio dedicar algunos post a entender un poco más cómo es este ordenador central. Conocerlo será el primer paso para sacar de él el máximo potencial. Os dejo un vídeo donde os explico cómo voy a centrar este tema.

 

Escrito por: Lluís Soldevila

 

 

En Taxi con Sergio Ramos

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Probablemente, esta semana cuento con lectores a los que no tienen espíritu emprendedor ni les interesa la innovación, pero si el fútbol. Y debo pedirles disculpas de antemano por el título que quizás, de manera engañosa, les ha llevado a hacer ‘clic’ en este post. Me he permitido esta licencia veraniega sin ánimo de engañar, al menos completamente. Y es que les aseguró que hace unos días Sergio Ramos me llevó en su taxi.

Tenía este post pendiente desde hace unas semanas, cuando viajé para unas conferencias a Bogotá. La primera vez que visité Colombia, en 2012, me quedé impresionado por un rasgo común a la mayoría de colombianos. Era un pueblo con una marcada mentalidad emprendedora.

Dado mi ámbito de actuación y, en especial, en aquellas fechas donde fui a pronunciar unas conferencias sobre éxito y equipos de alto rendimiento para la Cámara de Comercio de Bogotá, intenté fundamentar mi impresión y averiguar si efectivamente estaba en lo cierto, y los motivos de tal rasgo común. E identifiqué dos grandes corrientes de opinión que justificaban lo observado:

En primer lugar, me explicaron que el colombiano siempre ha tenido que ‘buscarse la vida’. La falta de subsidios ha hecho que rápidamente se encuentren oportunidades, porque según decían, ellos mismos las creaban. A los lectores habituales seguro que les suena la frase anterior.  Se habían especializado en encontrar soluciones a los problemas. Debo confesar mi debilidad ante este tipo de perfiles. A menudo tropieza uno el perfil contrario, con gente que parece ser experta en encontrar los problemas a cualquier solución. Seguro que ahora a todos los lectores se les ha escapado una sonrisa, al haberle puesto cara o nombre a este segundo perfil. Desde el profesional capacitado, al trabajador más humilde, todos pasaban a la acción a la ‘ganarse la vida’ (expresión que provoca en mi sentimientos opuestos, seguramente merecedoras de un post exclusivo), convirtiéndose en empresario o vendedor ambulante, ejemplos ambos de gente emprendedora.

En segundo lugar había también un componente actitudinal. Era una actitud reactiva, motivada por la voluntad de luchar contra pesadas lacras que han afectado a la sociedad colombiana desde hace demasiado tiempo, como el narcotráfico y la guerrilla. Lejos de esperar a la solución de estos complicados conflictos por las instancias que les compete, a nivel individual surge una especie de responsabilidad, por la que cada uno intenta ser el mejor ciudadano posible, el mejor trabajador posible. En definitiva el mejor ciudadano posible, para que la suma  pueda llegar a abatir a los elementos indeseados de la realidad colombiana. Surge un orgullo de ser colombiano que hace que, naciendo como reacción, la actitud que se tenga sea la de acción, la de ser proactivo.

Fue hace unas semanas que volví a estar de nuevo en Bogotá, y me encontré con algo que no existía hace un par de años, algo que ahora todo un sector había adoptado. Y es que todos los taxis, hasta los más pequeños y aquellos que parece que están a punto de pararse y no andar más, han adoptado estas Apps de las que tanto estamos hablando en España. ¿Cuál es la diferencia? Pues que mientras en Barcelona los taxistas encuentran problemas a estas Apps, en Bogotá las han recibido como solución. Sé qué la realidad es compleja, y ni mucho menos defiendo el uso de una nueva tecnología sin el respeto a una competencia justa. No se piensen ustedes que en Bogotá no están teniendo problemas. Pero allí han visto la oportunidad, la aprovechan, y seguro que encuentran después una solución. Justo al revés de lo que estamos haciendo aquí.

Espectador del cambio, el último día interrogué a mi taxista. Tenía 55 años, y confeso que Easytaxi y Tappsi le habían cambiado la vida. Para mejor, claro. Había multiplicado por dos su facturación, ganado en eficiencia pues no circulaba esperando clientes y además no salía del coche (he de confesar que este último punto no lo llegué a comprender, pero insistió en que era muy importante para él). Le comenté como había llevado el cambio, y me señaló con cierto desprecio y nada de melancolía ‘esto’ (señalando a la típica radio para comunicarse) era ya cosa del siglo pasado. Le pregunté cuánto tiempo le había llevado acostumbrarse al nuevo sistema. Me contesto que lo difícil fue acostumbrarse a usar un Smartphone, que tenía los dedos demasiado grandes, pero que en tres meses y lo dominaba. Pensé que tres meses a mí se me harían una eternidad. Él, como la mayoría de taxistas bogotanos, tenía claro que tocaba reclinarse y lo han hecho. Tienen ya la solución. Yo vuelvo a Barcelona y sigo peleándome en el aeropuerto para pagar con la maldita tarjeta…

Por cierto, le pedí permiso a mi amigo el taxista para tomarlo como protagonista de mi próximo post, y se mostró encantado. Vi como anotaba mi email en su Smartphone. Vi como sus dedos efectivamente no eran de pianista. Lo mejor fue cuando le pedí su nombre y me dijo sin inmutarse ‘Sergio Ramos, para servirle con gusto’.

 

Escrito por: Lluís Soldevila

Enamórate

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Hoy escribo desde el AVE, de vuelta a casa. Tengo un proyecto, uno muy grande. Y tengo la sensación de que acabamos de dar un gran paso. Sí, creo que la reunión ha sido un éxito, y que nos entenderemos. Que tenemos el socio que necesitamos.

 

No creo que sea casualidad. Ya sabéis que en mi fórmula del éxito no hay lugar para casualidades. Tampoco encontraréis la suerte en ella, aunque es evidente que la suerte ayuda. Creo que simplemente ha sido aplicación de la tripe A en estado puro:

 

  • Autoconocimiento: ha sido un trabajo de equipo. Iba con mi compañero de viaje en este proyecto. Le llamaremos A. Habíamos planificado hasta el milímetro la reunión. Casi obsesivamente. Qué digo yo. Qué dices tú. Qué material enseñamos. En qué momento. Quién contesta qué. Yo soy bueno en esto. Tú el mejor en aquello. Incluso cómo esperamos a nuestro interlocutor. De pie, por supuesto, y mirando a la puerta por la que entrará.
  • Acción: meses de acción preparando material. Amigos involucrados. Favores pedidos. Dinero invertido. Tiempo supuestamente invertido, o quizá gastado según opinan algunos. Un sólo objetivo bien definido, y acciones encaminadas que aquello que queremos pase. Si el viento sopla, tendremos suerte. Pero si no es así, habremos remado lo suficiente como para estar allí. Cuando ayer surgió la oportunidad de estar hoy presentando a la persona adecuada, no dudamos en desplazarnos para una reunión de 20 minutos. Esto no es sólo querer. Ni saber. Esto es Acción en estado puro.
  • Actitud: jamás me había pasado. Acabado mi exposición y la mi compañero, a modo de elevator pith de 50.000 watios, el interlocutor pronunció una única frase: “me encanta el proyecto”. Y lo repitió: una y otra vez decía “me encanta, es que me encanta”. ¿Dónde esta la actitud aquí? Pues en nuestros ojos, en nuestra voz, en nuestra cara. No hay mejor vendedor que el está convencido de su producto. Y nosotros lo estamos. Se nos nota cuando lo explicamos. Y es que lo hemos parido, y no pararemos hasta que ande. ¿Verdad que se nota cuando un adolescente está enamorado? Pues te aseguro que a un emprendedor también se le nota. Y este amor ¡es contagioso!

 

Y no sería justo no completar el análisis sin analizarle a él. Debe ser casualidad, seguramente sí: se llama Ádan, que se escribe con A. Se conoce bien, sabe callar más que hablar, y cuando habla convence. Es pasador, no rematador. Sabe en qué es bueno y conoce donde es el mejor. Pasa a la acción sin pensarlo dos veces. Prefiere el error a que pase el tren. En la mayoría de ocasiones no le pasa ninguna de las dos cosas. Y su actitud maximiza la fórmula. Ilusión por lo que hace, optimismo a raudales y proactividad apabullante. Tiempos de respuesta ridículamente pequeños.

 

Ojalá os pudiera explicar más, pero no es así. Si el proyecto sale, oiréis hablar de él. Es algo grande, algo que no se ha hecho hasta ahora. Algo que mucho, quizá demasiados millones de personas, esperan.

 

Por cierto, será también casualidad, pero la empresa con la que nos hemos reunido, también empieza por A.

 

Escrito por: Lluís Soldevila

 

Éxito y felicidad

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Una mentalidad emprendedora busca el éxito de su proyecto. La enciclopedia online Wikipedia describe éxito como “la consecución de un objetivo”. Si nos vamos a la Real Academia Española (RAE) se refiere al mismo concepto como “el resultado feliz de un negocio o actuación”.

 

Tanto un diccionario como el otro coinciden en la definición del éxito como la consecuencia de ver satisfecha una meta que, como hemos visto en muchos post, es lo más parecido a lo que llamamos felicidad. Sustento esta relación en la idea de que el logro de un objetivo (éxito) nos conduce a una emoción positiva o placentera (felicidad). Por lo tanto, salvando el hecho de que el primer término suele estar emparentado al mundo material y el segundo a cuestiones más intrínsecas como las emociones, la felicidad es la consecuencia del éxito (o, por lo menos, una de ellas).

 

Como hemos dicho, la felicidad es un estado interno que, si bien no podemos comprar, sí podemos aprender. Para ello requerimos de dos elementos tan concretos e imprescindibles como son la metodología y la disciplina. Aleluya,…  parece que ser feliz ya no es sólo un privilegio de las almas elevadas sino materia de estudio del campo de la ciencia. Así, importantes economistas como Richard Layard, psicólogos como Martin Selingman, neurólogos de la talla de Antonio Damasio, siquiatras como Luis Rojas Marcos, etc., están estudiando en profundidad  la felicidad, sus causas y consecuencias. Y es que es una cuestión de preocupación colectiva en nuestros días como demuestra el hecho de que la asigntaura más popular en los últimos años de la Universidad de Harvard la imparta el psicólogo positivista Tal Ben-Shahar y se llame “Mayor Felicidad”. El catedrático une diversión y rigurosidad académica en sus clases que se centran en la felicidad, la autoestima y la motivación como herramientas para conseguir el éxito. Todo indica que con un poco de ganas, perseverancia y por qué no el dinero para pagarte dicha asignatura, todos tenemos la capacidad de ser felices.

 

felizAdemás, debemos aprender a disfrutar de este camino puesto que de esta manera los resultados son siempre superiores. Es por ello que suelo acompañar mis clases con música y videos con los que intento impregnar de algo de felicidad a los alumnos porque los conocimientos de esta manera se quedan mejor impregnados. Y es que debemos desmitificar el dolor y silenciar  todas aquellas populares y obsoletas máximas como “la letra con sangre entra” que tanto daño nos hacen. Considero que la relativización del dolor es fundamental para dejar entrar a la felicidad en nuestra vida. “Recordar que vas a morir es la mejor manera que conozco para evitar caer en la trampa de pensar que tienes algo que perder”, declaró Steve Jobs. El fundador de Apple tomó conciencia a raíz de la enfermedad que lo llevó a la muerte que no hemos venido al mundo a sufrir y que debemos disfrutar del camino a pesar del  esfuerzo y la perseverancia que exige.

En este sentido, recientemente leí un artículo del reconocido siquiatra Luis Rojas Marcos en el que asegura que el “sufrimiento ni te hace más sabio ni mejor persona”. Me decanto por este postulado ya que hay quienes opinan que cada golpe en la vida fortalece pero desde mi punto de vista esta visión es errónea. Personalmente considero que los verdaderos acicates de nuestro aprendizaje son las marcas que los golpes imprimen en cada uno de nosotros. En su último libro Secretos de la Felicidad (Espasa), el doctor explica que la felicidad viene en los genes y todos nacemos con la potencialidad para vivirla así que la actitud más inteligente es la de quien proactivamente decide aprender sin necesidad de que la vida lo golpee.

Por otro lado, la metodología nos indica que debemos hacer muchas cosas pequeñas que nos hagan felices, es decir, tener hábitos que nos conduzcan hacia la felicidad. Ya lo dijo Aristóteles, “somos lo que hacemos cada día”, de modo que la excelencia no es un acto sino un hábito. El zumo de naranja por la mañana, el momento de lectura antes de ir a dormir, ir a buscar a tu hijo al colegio…, pequeñas rutinas de felicidad de las que acabarás siendo inconscientemente competente. La felicidad es un camino que se construye mediante hábitos simples y satisfactorios como bien se retrata en el experimento “Haciendo feliz a Slough” dirigido por el psicólogo Richard Stevens. Después de 3 meses trabajando con 50 personas de la localidad de Slough (Reino Unido), los expertos identificaron 10 medidas para aumentar la felicidad. Así reza el dichoso decálogo:

1- Cuidar una planta o un animal.

2- Recordar cada día cinco cosas positivas de la vida.

3- Salir a caminar.

4- Hablar durante más tiempo con los seres queridos.

5- Llamar a un amigo que no se ha visto por mucho tiempo.

6- Reírse.

7- Realizar ejercicios por lo menos media hora al día, tres veces por semana.

8- Sonreír a personas desconocidas.

9- Reducir a la mitad el tiempo que se dedica a mirar televisión.

10- Realizar tareas en beneficio de la comunidad.

 

El resultado fue un éxito y los voluntarios notaron que al final del experimento habían incrementado notablemente sus niveles de felicidad.

¿Y tu? ¿Tienes tu decálogo? Y lo más importante: ¿lo cumples?

Escrito por: Lluís Soldevila

7 maneras de pensar de la gente emocionalmente efectiva – La solución

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Hace dos semanas dejé en aire la pregunta: ¿qué manera de pensar es la correcta? Vimos que podíamos escoger entre siete. Espero que hayas pasado estas semanas ‘musculando’. Sería genial que hubieras analizado diversas situaciones que te hayan pasado.

Si eres seguidor de este blog, quizá pienses que sea la optimista. Pero el peligro de siempre pensar de manera optimista, es llegar a ser naïf o ilusa. Imaginemos que la situación se repite cada día y el grado de admiración va en aumento. En algún momento deberemos ponernos, por ejemplo, agresivos, y mostrarle que ha alcanzado el límite. De la misma manera, tampoco debemos demonizar la forma autoculpable pues quien jamás se inculpa no será capaz de reconocer ningún error. Se trata de encontrar un equilibrio, un punto medio, que depende de factores como la propia situación, su gravedad, el día que tengas, etc. Y es que no hay ninguna manera de pensar que sea la correcta. Lo ideal es disponer de un propio ecualizador que te permita decidir el nivel de intensidad que pondrás a cada manera de pensar en una situación determinada. De ti dependerá que, frente a un hecho u otro, seas capaz de poner el pensamiento optimista a 10 y el ansioso a 2 o el conformista a 9 y el victimista a 3. Lo importante es que sustituyas tus antiguos circuitos mentales por estos 7 surcos de pensamiento totalmente nuevos y decidas cómo ecualizarlos. Lo importante es que tu decidas qué pensar y en consecuencia, tus emociones.

Como lo prometido es deuda,  te ofrezco el desarrollo de un ejercicio que te permitirá adquirir la habilidad de controlar tus emociones. Recuerda que el objetivo final es dominar tu actitud y maximizar la fórmula del valor vista hace unos posts. Todo esto te llevará a disminuir la distancia al éxito, lo que está buscando cualquier mentalidad emprendedora.

Cada noche, antes de acostarte, o en cualquier momento de tranquilidad escoge una situación que hayas vivido durante el día. No es necesario que sea la más significativa ni la más intensa sino, simplemente, una que te haya quedado dando vueltas. Una vez la tengas en la cabeza repasa las 7 diferentes maneras de pensar que hemos visto respecto a la situación. Repite este ejercicio durante suficientes días consecutivos y experimentarás un cambio que marcará un antes y un después. Es muy importante que los días sean consecutivos. Se dice que son necesarios 21 días para fijar un hábito. Quizá tu necesites 33 o lo consigas en 17. Pero recuerda, consecutivos. Siguiendo con la analogía muscular, no sirve de nada realizar durante 5 días ejercicios abdominales, parar 10, y luego seguir otros 7. El resultado neto no son 12 días, sino 7, pues la pausa interrumpe el proceso. Si no puedes empezar hoy, elige el día en que sí puedas, y a partir de allí los días que haga falta hasta que de manera normal, sin sentir que analizas todas las opciones, te darás cuenta que has reaccionado diferente ante una situación en la que antes tu reacción hubiera sido distinta. Habrás logrado entonces controlar tus emociones.

Es tu turno… Elige una situación de tu día y empieza a rellenar tu cuadro de situaciones. Recuerda: las cartas no las decides tú, pero la manera de jugarlas sí.

 

Escrito por: Lluís Soldevila

7 maneras de pensar de la gente emocionalmente efectiva

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Visto en mi post anterior como ya funcionamos, y visto también lo que no debes hacer, toca hoy explicar una metodología para tener dominar al jefe. Y estoy hablando, como probablemente ya has deducido al cerebro.

Y nos basaremos en una característica muy importante de este órgano: la plasticidad. Aunque no lo es anatómicamente, podemos considerar al cerebro como un músculo ya que se comporta como tal en ciertos casos. Así como al ejercitar los músculos de manera frecuente estos adquieren tono muscular y de desarrollan, el cerebro muestra un comportamiento similar. Funciona mediante conexiones sinápticas de las neuronas, células del sistema nervioso que conectan entre si formando circuitos neuronales. Cuantas más veces usamos un mismo circuito, más marcado queda, de manera que a base de repetir circuitos mentales, creamos surcos neuronales que, finalmente, se convierten en patrones de pensamiento. Es por ello que muchas veces reaccionamos a algunas situaciones de maneras un tanto curiosas. Cuando se acerca a ti una persona que te cae mal es muy probable que cualquier cosa que te diga la interpretes con un sesgo predeterminado. De lo contrario, es probable que la misma frase pronunciada por una persona que te cae simpática, produzca un efecto totalmente diferente. Son los surcos, que como los que vemos en los caminos, conducen a tu pensamientos por ciertos circuitos preestablecidos, que tienen que ver más con el interlocutor que con el mensaje.

Si bien, una vez que estos surcos están definidos es imposible borrarlos, podemos conseguir que caigan en desuso cuando comienzas a utilizar otros. Esta es la razón por la que nos cuesta tanto eliminar ciertos hábitos de nuestra vida, la razón por la que desaprender cuesta tanto. Para que caigan en desuso, debemos crear nuevos circuitos y usarlos frecuentemente. Te propongo que hagas gimnasia con tus neuronas y crees nuevas direcciones de pensamiento musculando tu cerebro. Se trata de que seas como un ninja que posee una gran variedad de armas para elegir cuál de ellas sacar frente al enemigo.

¡Deja de reaccionar siempre de la misma manera frente a determinadas situaciones y empieza a decidir cómo hacerlo! Tienes la posibilidad de decir qué pensar así que, como tus pensamientos generan tus emociones, entonces también posees la capacidad de elegir tus reacciones.

cerebro musculandoRecuerda, entramos en el gimnasio y debemos muscular. Como el jugador de futbol que, sin realizar ejercicios con la pelota, está preparando sus músculos para poder regatear o marcar mejor. Practicarás pues maneras de pensar que en ciertas situaciones considerarás incluso estúpidas. No importa. Estás “musculando”. Estás creando nuevos surcos.

Atendiendo a este argumento te propongo que sólo consideres 7 maneras de pensar de ahora en adelante. Para ilustrar estas maneras de pensamiento te animo a que imagines la siguiente situación: Primera hora de la mañana. Tomas el ascensor de tu casa y te encuentras dentro con el vecino/a que te dice: “que guapo/a estás”.

Apunta en un papel lo primero que te viene a la cabeza, el primer pensamiento, no filtres.

Muy bien. Con toda probabilidad tu respuesta se engloba en una de las siguientes 7 maneras de pensar:

  1. Victimista
  2. Culpable
  3. Ansiosa
  4. Agresiva
  5. Desconfiada
  6. Optimista
  7. Conformista

 

Ahora te toca leer nuevamente tu respuesta y reconocer a qué forma de pensar corresponde. Vamos a ver a continuación las frases que describirías las diferentes maneras ante la situación expuesta:

  1. Victimista: debo estar fatal, para que me diga esto
  2. Culpable: me he vestido demasiado sexy
  3. Ansiosa: ¿le contesto?¿paro el ascensor?¿bajo un piso antes?¿hago como si no le hubiera oído?
  4. Agresiva: le he preguntado acaso su opinión
  5. Desconfiada: este quiere algo
  6. Optimista: a esto le llamo yo empezar bien el día
  7. Conformista: se lo dirá a cualquiera

 

¿Te reconoces con alguna de estas respuestas? Lo más probable es que así sea. La pregunta es ahora: ¿qué manera de pensar es la correcta? Lamentablemente, se me acaba el espacio para este post .. . así que la respuesta la tendras en el siguiente. De momento, analiza esta situación y otras que te vayan pasando en estas dos semanas. Recuerda: estás musculando. Dentro de dos semanas lo agradecerás. Hasta aquí puedo escribir.

Escrito por: Lluís Soldevila

La causa de tu actitud está en ti mismo

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En mi post anterior, hablé de la importancia del cambio como ya hice en mi primer post.

Fue justo esa semana cuando, estando en un programa de televisión,  el presentador me soltó una frase que me dejó perplejo: ‘Esto que tu propones no es fácil’. Mi mirada habló por sí sola. ¿Queremos cosas fáciles acaso? ¿O perseguimos que nuestros proyectos tengan éxito? Estoy seguro de que si estás leyendo este post eres de los segundos. Eres de los que tiene mentalidad emprendedora. Y a pesar de que tu ya sabes que no es fácil, me gustaría hablar de cómo gestionar esta mentalidad, esta actitud. La buena noticia es que sólo hay dos maneras de adoptar una actitud adecuada.

La primera de ellas es tan simple como ir a la sección de autoayuda de la librería más grande tu ciudad y comprar el libro “Cómo ser feliz, bajar de peso y hacerse millonario trabajando 4 horas al día y sin esfuerzo”. Seguro que has visto unas cuantas veces un libro con título semejante que promete resultados efectivos con esfuerzos mínimos y además perdurables. Esta no es la fórmula que recomiendo sino que me decanto por la de actuar sobre la verdadera causa de tus actitudes. Isaac Newton ya parecía entenderlo cuando enunció la Ley de la Acción y Reacción en la que asegura que para cada acción hay una reacción correspondiente. Sin embargo, este concepto viene de mucho antes, pues ya Sócrates desarrolló la Ley de Causa y Efecto. Con diferentes nombres estas leyes se refieren a lo mismo: todo lo que hacemos pone en movimiento una causa que trae una consecuencia, positiva o negativa. No existe el azar, la buena o la mala suerte, sólo resultados de acciones. La gente inteligente se focaliza en las causas y no en los efectos. No se nos ocurrirá ante un pinchazo hinchar el neumático (el efecto es que se ha deshinchado) sino reparar el pinchazo (causa). De La misma manera, para dejar de estornudar al coger un catarro, lo que haremos es tomar un medicamento (causa) y no taparnos la boca para no estornudar (el estornudo es el efecto).

Así pues, la gran pregunta es: ¿Cuál es la causa de tu actitud? Es probable que tu respuesta sea que la causa está fuera de ti (lo que te ha pasado, lo que te han dicho, lo que has visto…). Pero, no mires afuera, la causa de tu actitud está dentro de ti y, más concretamente, en tu cerebro. Los pensamientos que generes en él, son la causa de tu actitud, que es el efecto. Tu no eres dueño de lo que pasa en el exterior, pero si de cómo lo interpretas. ¿No te pasa que cuando reflexionas acerca de cualquier tema tienes la sensación de que estás sosteniendo un monólogo interior? Desde este punto de vista, podríamos considerar que el pensamiento es como una “habla interna”. Si observas durante un día a tu mente, te darás cuenta que hay una serie de pensamientos y diálogos internos que se repiten una y otra vez y que, además, van totalmente a sus anchas, sin orden ni concierto. El problema es que estos pensamientos son el motor de la posterior emoción que te conduce hacia la acción. Y es a través de esas acciones que conseguimos los resultados. Por lo tanto, así funcionamos:

camino del exito

Este es el funcionamiento normal, que se ve totalmente cortocircuitado en ocasiones extremas de dolor o sufrimiento. En estas situaciones, se produce lo que se conoce como secuestro amigdalar, y se activa esta zona de nuestro cerebro emocional o límbico menos evolucionado, y sin capacidad racional. Pero por suerte, estas cosas pasan pocas veces en la vida. ¿Cuántas veces te ha pasado que al comenzar el día se te ha colgado el ordenador y esto te ha amargado la jornada? Pues bien, este nefasto efecto en nuestro estado de ánimo por algo tan insignificante es absolutamente innecesario. De la misma manera que eres tú quien decide darle cuerda a los pensamientos también eres tú quien decide cómo gestionar la situaciones en tu vida. Observa que antes de que una emoción aparezca y te empuje hacia una acción determinada lo primero en surgir son los pensamientos. En pocas palabras, los pensamientos anteceden a las emociones. En este sentido, te invito a pensar en alguien que para si sea una persona de referencia, alguien a quine admires y en quien te inspires para mejorar. ¿ Se trata de una persona equilibrada? ¿Controla sus emociones? Muy probablemente la respuesta sea un sí, y la clave de ello radica en su capacidad de controlar sus pensamientos.

Aquí tenéis el enlace a su vídeo:

lluissoldevila video

Escrito por: Lluís Soldevila

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