Con más innovación y más salario tendríamos menos crisis y menos desempleo.

Tiny abstract people climbing ladders

Cuando instituciones, como el Fondo Monetario InternacionaI en un reciente informe, proponen como una de las soluciones a la crisis y al desempleo la reducción de salarios; a mí me viene a la memoria una histórica actuación en sentido opuesto que realizó en 1914 Henry Ford cuando incrementó el salario por hora de sus empleados en más de un 100% (pasó de 2.34$ a 5$ al día), que además se acompañaba de una reducción del horario laboral diario de 9 a 8 horas, en lo que se podría considerar fue “la innovación en retención del talento de la época”.

Esta decisión permitió un decremento sensible de la rotación de sus empleados, así como, una disminución de los costes de reclutamiento y formación que provocaba la alta rotación que sufría en su empresa; y cuya consecuencia más relevante fue el incremento de los beneficios que pasaron de 30 millones de dólares en 1914 a 60 millones en 1916.  En 1922 Ford escribió: “El pago de cinco dólares al día por una jornada de ocho horas ha sido una de las mejores actuaciones de reducción de costes que hemos tomado“.

Iniciaba el post citando al FMI porque lamentablemente es sobre innovación de lo que el citado informe no plantea ninguna propuesta, es como si la innovación no representara una opción para el crecimiento del país. No hay ninguna referencia, ni propuesta sobre acciones a realizar en las estrategias y políticas de I+D+I, ni tampoco a la preocupante reducción de las inversiones tanto públicas como privadas en I+D+I.

No, la I+D y la innovación no existen para el FMI como vías para el crecimiento económico del país; para el FMI el crecimiento se conseguirá: reduciendo salarios, reduciendo cotizaciones sociales de las empresas y aumentando impuestos. Si Henry Ford se levantará de su tumba les diría que si él les hubiera preguntado que quería la gente, el FMI le hubiera contestado: “Caballos más rápidos”.

Es sorprendente que no se proponga la innovación para colocar al país en una senda de crecimiento y competitividad cuando existen innumerables estudios, como el titulado “La relación entre innovación y variación de los precios“ publicado por la revista Economía Industrial del Ministerio de Industria, Energía y Turismo, que demuestran que la innovación es beneficiosa para la economía de un país, porque:

Además, aunque se considera que inicialmente las “innovaciones en proceso” pueden reducir las necesidades de empleo, sin embargo el  incremento de productividad que produce la innovación provoca una reducción del coste, pero el efecto en el incremento de la calidad y en el valor añadido de los productos y servicios son factores que pueden provocar un aumento de la demanda por parte de los consumidores y en consecuencia la necesidad de contratar a más personal.

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Si como consecuencia de la innovación de las empresas se desarrollan productos y servicios de “mayor valor añadido” entonces el efecto fiscal asociado a la tributación por el “Impuesto sobre el Valor Añadido (IVA)” supondría un incremento de dichos ingresos; lo que haría innecesario incrementar los tipos de dicho impuesto como propone el FMI.

La solución NO es subir los tipos impositivos, sino aumentar el consumo de los productos y servicios que tributan con un mayor valor añadido.

El hecho de que las empresas comercialicen productos y servicios verdaderamente innovadores, o que den a los clientes el valor por el que están dispuestos a pagar más; es lo que debería ser objeto de consideración porque eso es lo que generará más ingresos fiscales. Si la gente está dispuesta a pagar más por un iPhone o un Galaxy esto supone que como consecuencia Apple obtiene más ingresos por el iPhone y Samsung incrementa sus beneficios con el Galaxy y como efecto colateral el aumento de los ingresos tributarios.

Así como Henry Ford consiguió aumentar sus beneficios con la “innovación en retención del talento”, las empresas pueden incrementar sus ingresos y beneficios innovando en sus productos, en sus servicios, en sus procesos o en sus modelos de negocio; y así también seguir su ejemplo incrementando el salario de los empleados que las ayudan a innovar.

Y podríamos acabar este post parafraseando a Bill Clinton con la siguiente cita: ¡Es la innovación, estúpido!

Escrito por: Gian-Lluís Ribechini

Mentalidad emprendedora universal. Yelospa y Unnado, start ups turcas

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Me he propuesto no tirar de tópicos en esta sección, y no hablar de lo fantásticas que son las crisis pues son épocas de oportunidades, ni de cómo se escribe ‘crisis’ en japonés (está compuesta por los caracteres 危=”peligro” y 機=”oportunidad”). Pero me encuentro esta semana en Turquía de reuniones, y en el coffee break pasó algo que me gustaría compartir.

 

En mis sesiones suelo comparar los idiomas de diferentes países, pues me demuestran repetidamente que el lenguaje de un país o cultura denota su actitud. Siempre pregunto si hay algún inglés nativo en la sala para que me diga como es ‘éxito’. ‘Success’ responde el nativo o la mayoría de asistentes. Después pregunto cómo es ‘fallo’ y de nuevo el nativo y la mayoría del auditorio responden “failure”. Finalmente pregunto por la traducción de “fracaso” y aquí es cuando la mayoría de la sala, al ver que responderían de nuevo “failure”, esperan la respuesta del nativo, si lo hay. Y el nativo, responde de nuevo “failure”. Y efectivamente es “failure”, puesto que no existe traducción para el “fracaso”. ¿Acaso los anglosajones no fracasan? Quien haya tenido la suerte de vivir en estas culturas, y especialmente si lo ha hecho en EEUU, sabrá que no. Sabrá que no necesitan una palabra específica para definir el fracaso. Sabrá que para ellos, nuestro “fracaso” no existe. Sabrá que si un profesional ha “fracasado” esto le es valorado. Evidentemente, el “fracaso” debe ir acompañado de un aprendizaje. En resumen, ellos no “fracasan”, sólo fallan. Creo que estaremos de acuerdo en que no se trata sólo de un matiz lingüístico, sino de toda una declaración de intenciones implícita.

 

Y fue en este coffee break de ayer, que hablando de la crisis me dijeron que aquí en Turquía no tienen crisis. O no la quieren tener. “Aquí decimos …” y me soltaron una frase en turco. Al traducírmela no pude más que pensar: ya tengo material para mi siguiente post. La frase traducida al castellano decía: “en tiempos de crisis hay quien llora y hay quien vende pañuelos”. ¿Hay algún lector que en su idioma no reconozca esta cita? Se trata de un tópico, lo sé, pero en este contexto resulta relevante.

 

Así pues mi pasión por los idiomas y las palabras o frases  que usan y no usan (¿se han preguntado por qué no existe traducción al castellano del verbo inglés “commute”?) volvía a darme la razón. La mentalidad emprendedora existe. No importa el país, el idioma o la religión. A ver mi reacción de sorpresa, los asistentes empezaron a contarme historias de éxito sobre la emprendeduría turca.

 

¿Nunca han pensado que sería una buena idea un lugar donde ir a echar la siesta? Algo como un spa pero para siestas. La idea ya está tomada, se llama www.yelospa.com y opera en Nueva York. Su fundador es Nicolás Ronco, de origen turco.

 

¿Se pueden facturar 8 millones de euros con una inversión de 7.500 euros? Esto es lo que va a facturar www.unnado.com , una web de ventas rápidas con un enfoque muy claro: las embarazadas compran diferente. Así opinan  Goktug Okan Oguz y Haldun Uraz, y así lo demuestran sus cifras.

 

Vuelvo a casa contento, sabiendo que hablen como hablen, en todas partes existen los vendedores de pañuelos.

 

Escrito por: Lluís Soldevila

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