Éxito y felicidad

carita feliz

Una mentalidad emprendedora busca el éxito de su proyecto. La enciclopedia online Wikipedia describe éxito como “la consecución de un objetivo”. Si nos vamos a la Real Academia Española (RAE) se refiere al mismo concepto como “el resultado feliz de un negocio o actuación”.

 

Tanto un diccionario como el otro coinciden en la definición del éxito como la consecuencia de ver satisfecha una meta que, como hemos visto en muchos post, es lo más parecido a lo que llamamos felicidad. Sustento esta relación en la idea de que el logro de un objetivo (éxito) nos conduce a una emoción positiva o placentera (felicidad). Por lo tanto, salvando el hecho de que el primer término suele estar emparentado al mundo material y el segundo a cuestiones más intrínsecas como las emociones, la felicidad es la consecuencia del éxito (o, por lo menos, una de ellas).

 

Como hemos dicho, la felicidad es un estado interno que, si bien no podemos comprar, sí podemos aprender. Para ello requerimos de dos elementos tan concretos e imprescindibles como son la metodología y la disciplina. Aleluya,…  parece que ser feliz ya no es sólo un privilegio de las almas elevadas sino materia de estudio del campo de la ciencia. Así, importantes economistas como Richard Layard, psicólogos como Martin Selingman, neurólogos de la talla de Antonio Damasio, siquiatras como Luis Rojas Marcos, etc., están estudiando en profundidad  la felicidad, sus causas y consecuencias. Y es que es una cuestión de preocupación colectiva en nuestros días como demuestra el hecho de que la asigntaura más popular en los últimos años de la Universidad de Harvard la imparta el psicólogo positivista Tal Ben-Shahar y se llame “Mayor Felicidad”. El catedrático une diversión y rigurosidad académica en sus clases que se centran en la felicidad, la autoestima y la motivación como herramientas para conseguir el éxito. Todo indica que con un poco de ganas, perseverancia y por qué no el dinero para pagarte dicha asignatura, todos tenemos la capacidad de ser felices.

 

felizAdemás, debemos aprender a disfrutar de este camino puesto que de esta manera los resultados son siempre superiores. Es por ello que suelo acompañar mis clases con música y videos con los que intento impregnar de algo de felicidad a los alumnos porque los conocimientos de esta manera se quedan mejor impregnados. Y es que debemos desmitificar el dolor y silenciar  todas aquellas populares y obsoletas máximas como “la letra con sangre entra” que tanto daño nos hacen. Considero que la relativización del dolor es fundamental para dejar entrar a la felicidad en nuestra vida. “Recordar que vas a morir es la mejor manera que conozco para evitar caer en la trampa de pensar que tienes algo que perder”, declaró Steve Jobs. El fundador de Apple tomó conciencia a raíz de la enfermedad que lo llevó a la muerte que no hemos venido al mundo a sufrir y que debemos disfrutar del camino a pesar del  esfuerzo y la perseverancia que exige.

En este sentido, recientemente leí un artículo del reconocido siquiatra Luis Rojas Marcos en el que asegura que el “sufrimiento ni te hace más sabio ni mejor persona”. Me decanto por este postulado ya que hay quienes opinan que cada golpe en la vida fortalece pero desde mi punto de vista esta visión es errónea. Personalmente considero que los verdaderos acicates de nuestro aprendizaje son las marcas que los golpes imprimen en cada uno de nosotros. En su último libro Secretos de la Felicidad (Espasa), el doctor explica que la felicidad viene en los genes y todos nacemos con la potencialidad para vivirla así que la actitud más inteligente es la de quien proactivamente decide aprender sin necesidad de que la vida lo golpee.

Por otro lado, la metodología nos indica que debemos hacer muchas cosas pequeñas que nos hagan felices, es decir, tener hábitos que nos conduzcan hacia la felicidad. Ya lo dijo Aristóteles, “somos lo que hacemos cada día”, de modo que la excelencia no es un acto sino un hábito. El zumo de naranja por la mañana, el momento de lectura antes de ir a dormir, ir a buscar a tu hijo al colegio…, pequeñas rutinas de felicidad de las que acabarás siendo inconscientemente competente. La felicidad es un camino que se construye mediante hábitos simples y satisfactorios como bien se retrata en el experimento “Haciendo feliz a Slough” dirigido por el psicólogo Richard Stevens. Después de 3 meses trabajando con 50 personas de la localidad de Slough (Reino Unido), los expertos identificaron 10 medidas para aumentar la felicidad. Así reza el dichoso decálogo:

1- Cuidar una planta o un animal.

2- Recordar cada día cinco cosas positivas de la vida.

3- Salir a caminar.

4- Hablar durante más tiempo con los seres queridos.

5- Llamar a un amigo que no se ha visto por mucho tiempo.

6- Reírse.

7- Realizar ejercicios por lo menos media hora al día, tres veces por semana.

8- Sonreír a personas desconocidas.

9- Reducir a la mitad el tiempo que se dedica a mirar televisión.

10- Realizar tareas en beneficio de la comunidad.

 

El resultado fue un éxito y los voluntarios notaron que al final del experimento habían incrementado notablemente sus niveles de felicidad.

¿Y tu? ¿Tienes tu decálogo? Y lo más importante: ¿lo cumples?

Escrito por: Lluís Soldevila

En busca de la felicidad

mariposa

En el post anterior relacionamos éxito y felicidad. Hoy me apetece adentrarme un poco más en lo segundo, puesto que del éxito ya hemos hablado mucho. Y de nuevo encontramos tres componentes, como tres son las ‘A’ de las que tanto hemos hablado.

Según Edward Diener, un famoso sociólogo americano y profesor conocido como el “doctor Felicidad”, no existe una sustancia que nos provea de felicidad sino una serie de ingredientes.

En primer lugar están las relaciones tanto familiares como amistosas pues está comprobado que cuanto más amplio y profundo es nuestro círculo de amistades, más beneficiosos son los efectos sobre nuestro organismo. Así como científicamente ya es totalmente aceptado que el estrés conlleva enfermedades, en la actualidad se está estudiando la posibilidad de que las relaciones humanas tengan un efecto protector sobre nuestro organismo. Un ejemplo de ello es el matrimonio pues hay estudios que revelan que un hombre casado puede llegar a vivir 7 años más que uno soltero y una mujer casada una media de 4 años más.

El segundo ingrediente es tener significado en la vida, es decir, poseer una serie de valores que superen nuestros intereses más cortoplacistas. Esto queda muy bien plasmado en El Hombre en busca de sentido de Viktor Frankl, un s en el que narra su experiencia como víctima del holocausto. El psiquiatra austriaco pasó 3 años prisionero en los campos de concentración de Auschwitz y Dachau y, si bien sería ridículo afirmar su felicidad, el autor muestra cómo el darle sentido a su vida le dio las fuerzas para seguir adelante. Cosas tan simples como reunirse al final del día con el resto de prisioneros o escribir cada noche un diario le ayudaron a mantener la confianza en el futuro manteniendo la esperanza.

relojPor último, el tercer ingrediente de la felicidad según Diener es poseer objetivos, ya que hay un acuerdo amplio en el mundo de la psicología en que una de las vías hacia la felicidad es a través de la consecución de ellos. Así, la Universidad Erasmus de Rotterdam realizó un estudio en Stirling (Canadá) en el que demostró la relación entre la felicidad y una mente planeadora. Recuerda, “la vida es muy corta para tener prisa”, como dijo el escritor americano Henry David Thoreau. No te dejes llevar por la vorágine incontrolable que nos gobierna con eternas jornadas de trabajo y sin tiempo para pararte a pensar, haz la actividad adecuada, en el momento adecuado y con la duración adecuada. Tus mejores aliados para lograr la felicidad no serán la competitividad y el sacrificio sino tus objetivos y un buen plan de acción. Conviértete en estratega de tu vida y planifica como lo hacía Abraham Lincoln cuando dirigía la Casa Blanca. “Si me das 8 horas para cortar un árbol pasaré 6 afilando el hacha”, decía el decimosexto presidente de Estados Unidos que movilizó con éxito a la opinión pública logrando importantes avances para la sociedad norteamericana.

columpioEl autoconocimiento es otro de los grandes pilares de la felicidad. ¿Te suena? El conocido psicólogo Abraham Maslow fue el primero en introducir el concepto de una jerarquía de necesidades en su libro Motivación y Personalidad (1943). Al igual que otro psicólogo llamado Carl Rogers, Maslow acentuó la importancia de la autorrealización, como proceso de crecimiento y desarrollo personal. El autor reconoce la existencia de una serie de necesidades que nacen de la carencia como son las fisiológicas, de seguridad, sociales y de estima y de las que provienen del deseo de crecer como persona de cada individuo. La comunidad científica criticó este planteamiento acusando al psicólogo de postular que el hombre era capaz de crear su propia naturaleza. Muy por el contrario, el científico afirmaba que la creación no es arbitraria pero defendía la necesidad de descubrirnos y trabajar para que todo lo que somos se concrete en lo que queramos. Mirar dentro de uno mismo en busca de respuestas implica asumir responsabilidad, un importante paso hacia la autorrealización. En este sentido, el DAFO Personal® que te propuse hace unos posts resulta una eficaz herramienta para lograr el autoconocimiento que Maslow sugiere como pilar de una vida plena. En conclusión, debes conducir tu vida desde el asiento del conductor y dirigir la película que quieres vivir. Así que para conseguirlo frena, escúchate, conócete, haz tu DAFO Personal®, lista tus objetivos y planifica bien tu vida.

Para acabar el post te propongo llevar a cabo una breve auditoría de felicidad. Apunta en este recuadro las 3 actividades más importantes de tu vida y las 3 menos importantes. A su derecha anota el tiempo que dedicas a cada una de ellas, léelo con atención y verifica si hay algo que debas cambiar.

Más allá de la reflexión que este ejercicio te suscite lo que quiero con él es que abras los ojos a que el tiempo es limitado. Debes simplificar tu vida y no malgastar este preciado bien en actividades que no te comportan felicidad. Date cuenta de que iniciar un nuevo día es tener en frente un regalo de 24 horas por delante. Yo para no olvidarlo he elaborado mi propia táctica. Hace un tiempo realicé un simulador de esperanza de vida online en el que a través de preguntas acerca de tu forma de vida y hábitos calcula el tiempo estimado que te queda. Una vez el programa me hubo arrojado la cifra instalé en mi ordenador un contador de tiempo atrás. De esta manera, cada día al momento de ponerme a trabajar y encender mi ordenador lo primero que veo son unos números en la pantalla que me recuerdan que la vida es finita y tomo conciencia de la necesidad imperiosa de disfrutarla al máximo. ¡No vale la pena malgastar ni un segundo de ella!

bebemano

Escrito por: Lluís Soldevila

Éxito y Felicidad

felicidad

Estaremos de acuerdo en que los emprendedores buscan el éxito. La enciclopedia online Wikipedia describe éxito como “la consecución de un objetivo” mientras que la Real Academia Española (RAE) se refiere al mismo concepto como “el resultado feliz de un negocio o actuación”. Tanto un diccionario como el otro coinciden en la definición del éxito como la consecuencia de ver satisfecha una meta que, como hemos estado analizando a lo largo de este libro, es lo más parecido a lo que llamamos felicidad. Sustento esta relación en la idea de que el logro de un objetivo (éxito) nos conduce a una emoción positiva o placentera (felicidad). Por lo tanto, salvando el hecho de que el primer término suele estar emparentado al mundo material y el segundo a cuestiones más intrínsecas como las emociones, la felicidad es la consecuencia del éxito (o, por lo menos, una de ellas).

éxitoPero la búsqueda de la felicidad no es algo nuevo sino que ha sido una preocupación para los seres humanos desde los comienzos de la historia. En cualquier caso, creo que no existe una definición de felicidad general a todo el mundo puesto que cada uno de nosotros abanderamos, a través de nuestra experiencia, una combinación de objetivos y valores única. Así como podemos llegar al mismo lugar por diferentes caminos, cada uno puede (y debe) encontrar su propia manera de ser feliz haciendo aquello que le resulte satisfactorio. Sin embargo, existen ciertos aspectos generales de este estado de ánimo que es para todos igual como el hecho de que es analógica y continua y no digital y discreta. Con ello quiero decir que no tiene principio y fin sino que es un proceso que nos lleva toda la vida. Un camino acorde con nuestros valores que comienza con una decisión proactiva. Así es, salir de nuestra propia infelicidad pasa por un inevitable cambio en nuestro modus operandi de vida que no es apto para perezosos. Si no eres feliz, empezar a hacer aquellas cosas que sabes que tienes que hacer y dejar de hacer las que no contribuyen a tus propias cuotas de felicidad implica un cambio de paradigma en tu día a día. Por lo tanto, para no desfallecer en el intento debes tener una convicción firme que suavice el esfuerzo de todo lo nuevo que debes emprender. También, es importante tener conciencia de que este camino no es plano ni va en continua subida, como bien nos gustaría, sino que es un terreno escarpado trazado a través de montañas, llanos y barrancos. No obstante, lo importante no es cuan bajo o alto llegues sino que la media sea positiva y para ello los altos deben ser la norma y los bajos la excepción.

Además, debemos aprender a disfrutar de este camino puesto que de esta manera los resultados son siempre superiores. Es por ello que suelo acompañar mis clases con música y videos con los que intento impregnar de algo de felicidad a los alumnos porque los conocimientos de esta manera se quedan mejor impregnados. De hecho, remontándome a mis años de estudiante escolar mis mejores recuerdos provienen de algunas asignaturas que no pertenecen a mi área profesional. Así, en Historia tuve a un magnífico profesor que nos hacía reír y nos explicaba  su asignatura como quien cuenta un cuento. El resultado era óptimamente evidente: el promedio de calificación de la clase era mucho más elevado que en otras asignaturas ya que el camino de aprendizaje se basaba en la diversión. Y es que debemos desmitificar el dolor y silenciar  todas aquellas populares y obsoletas máximas como “la letra con sangre entra” que tanto daño nos hacen. Considero que la relativización del dolor es fundamental para dejar entrar a la felicidad en nuestra vida. “Recordar que vas a morir es la mejor manera que conozco para evitar caer en la trampa de pensar que tienes algo que perder”, declaró Steve Jobs. El fundador de Apple tomó conciencia a raíz de la enfermedad que lo llevó a la muerte que no hemos venido al mundo a sufrir y que debemos disfrutar del camino a pesar del  esfuerzo y la perseverancia que exige.

exitooEn este sentido, recientemente leí un artículo del reconocido siquiatra Luis Rojas Marcos en el que asegura que el “sufrimiento ni te hace más sabio ni mejor persona”. Me decanto por este postulado ya que hay quienes opinan que cada golpe en la vida fortalece pero desde mi punto de vista esta visión es errónea. Personalmente considero que los verdaderos acicates de nuestro aprendizaje son las marcas que los golpes imprimen en cada uno de nosotros. En su último libro Secretos de la Felicidad (Espasa), el doctor explica que la felicidad viene en los genes y todos nacemos con la potencialidad para vivirla así que la actitud más inteligente es la de quien proactivamente decide aprender sin necesidad de que la vida lo golpee.

Por otro lado, la metodología nos indica que debemos hacer muchas cosas pequeñas que nos hagan felices, es decir, tener hábitos que nos conduzcan hacia la felicidad. Ya lo dijo Aristóteles, “somos lo que hacemos cada día”, de modo que la excelencia no es un acto sino un hábito. El zumo de naranja por la mañana, el momento de lectura antes de ir a dormir, ir a buscar a tu hijo al colegio…, pequeñas rutinas de felicidad de las que acabarás siendo inconscientemente competente. Esto te permitirá liberar memoria que quedará libre para llenarla con otros conocimientos. Por increíble que resulte, en estudios con enfermos terminales a los que les quedan 6 meses de vida muchos de los encuestados declaran que por primera vez se sienten vivos. Esto se debe a que, viendo la proximidad de la muerte, comienzan a apreciar las cosas simples de la vida como respirar, dar un paseo, la fragancia de una flor, el afecto de los familiares, etc. La felicidad es un camino que se construye mediante hábitos simples y satisfactorios como bien se retrata en el experimento “Haciendo feliz a Slough” dirigido por el psicólogo Richard Stevens. Después de 3 meses trabajando con 50 personas de la localidad de Slough (Reino Unido), los expertos identificaron 10 medidas para aumentar la felicidad. Así reza el dichoso decálogo:

1- Cuidar una planta o un animal.

2- Recordar cada día cinco cosas positivas de la vida.

3- Salir a caminar.

4- Hablar durante más tiempo con los seres queridos.

5- Llamar a un amigo que no se ha visto por mucho tiempo.

6- Reírse.

7- Realizar ejercicios por lo menos media hora al día, tres veces por semana.

8- Sonreír a personas desconocidas.

9- Reducir a la mitad el tiempo que se dedica a mirar televisión.

10- Realizar tareas en beneficio de la comunidad.

El resultado fue un éxito y los voluntarios notaron que al final del experimento habían incrementado notablemente sus niveles de felicidad.

Y por cierto, no puedo evitar que éxito se escribe con A.

Escrito por: Lluís Soldevila

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