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Frases de motivación para emprendedores

En Taxi con Sergio Ramos

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Probablemente, esta semana cuento con lectores a los que no tienen espíritu emprendedor ni les interesa la innovación, pero si el fútbol. Y debo pedirles disculpas de antemano por el título que quizás, de manera engañosa, les ha llevado a hacer ‘clic’ en este post. Me he permitido esta licencia veraniega sin ánimo de engañar, al menos completamente. Y es que les aseguró que hace unos días Sergio Ramos me llevó en su taxi.

Tenía este post pendiente desde hace unas semanas, cuando viajé para unas conferencias a Bogotá. La primera vez que visité Colombia, en 2012, me quedé impresionado por un rasgo común a la mayoría de colombianos. Era un pueblo con una marcada mentalidad emprendedora.

Dado mi ámbito de actuación y, en especial, en aquellas fechas donde fui a pronunciar unas conferencias sobre éxito y equipos de alto rendimiento para la Cámara de Comercio de Bogotá, intenté fundamentar mi impresión y averiguar si efectivamente estaba en lo cierto, y los motivos de tal rasgo común. E identifiqué dos grandes corrientes de opinión que justificaban lo observado:

En primer lugar, me explicaron que el colombiano siempre ha tenido que ‘buscarse la vida’. La falta de subsidios ha hecho que rápidamente se encuentren oportunidades, porque según decían, ellos mismos las creaban. A los lectores habituales seguro que les suena la frase anterior.  Se habían especializado en encontrar soluciones a los problemas. Debo confesar mi debilidad ante este tipo de perfiles. A menudo tropieza uno el perfil contrario, con gente que parece ser experta en encontrar los problemas a cualquier solución. Seguro que ahora a todos los lectores se les ha escapado una sonrisa, al haberle puesto cara o nombre a este segundo perfil. Desde el profesional capacitado, al trabajador más humilde, todos pasaban a la acción a la ‘ganarse la vida’ (expresión que provoca en mi sentimientos opuestos, seguramente merecedoras de un post exclusivo), convirtiéndose en empresario o vendedor ambulante, ejemplos ambos de gente emprendedora.

En segundo lugar había también un componente actitudinal. Era una actitud reactiva, motivada por la voluntad de luchar contra pesadas lacras que han afectado a la sociedad colombiana desde hace demasiado tiempo, como el narcotráfico y la guerrilla. Lejos de esperar a la solución de estos complicados conflictos por las instancias que les compete, a nivel individual surge una especie de responsabilidad, por la que cada uno intenta ser el mejor ciudadano posible, el mejor trabajador posible. En definitiva el mejor ciudadano posible, para que la suma  pueda llegar a abatir a los elementos indeseados de la realidad colombiana. Surge un orgullo de ser colombiano que hace que, naciendo como reacción, la actitud que se tenga sea la de acción, la de ser proactivo.

Fue hace unas semanas que volví a estar de nuevo en Bogotá, y me encontré con algo que no existía hace un par de años, algo que ahora todo un sector había adoptado. Y es que todos los taxis, hasta los más pequeños y aquellos que parece que están a punto de pararse y no andar más, han adoptado estas Apps de las que tanto estamos hablando en España. ¿Cuál es la diferencia? Pues que mientras en Barcelona los taxistas encuentran problemas a estas Apps, en Bogotá las han recibido como solución. Sé qué la realidad es compleja, y ni mucho menos defiendo el uso de una nueva tecnología sin el respeto a una competencia justa. No se piensen ustedes que en Bogotá no están teniendo problemas. Pero allí han visto la oportunidad, la aprovechan, y seguro que encuentran después una solución. Justo al revés de lo que estamos haciendo aquí.

Espectador del cambio, el último día interrogué a mi taxista. Tenía 55 años, y confeso que Easytaxi y Tappsi le habían cambiado la vida. Para mejor, claro. Había multiplicado por dos su facturación, ganado en eficiencia pues no circulaba esperando clientes y además no salía del coche (he de confesar que este último punto no lo llegué a comprender, pero insistió en que era muy importante para él). Le comenté como había llevado el cambio, y me señaló con cierto desprecio y nada de melancolía ‘esto’ (señalando a la típica radio para comunicarse) era ya cosa del siglo pasado. Le pregunté cuánto tiempo le había llevado acostumbrarse al nuevo sistema. Me contesto que lo difícil fue acostumbrarse a usar un Smartphone, que tenía los dedos demasiado grandes, pero que en tres meses y lo dominaba. Pensé que tres meses a mí se me harían una eternidad. Él, como la mayoría de taxistas bogotanos, tenía claro que tocaba reclinarse y lo han hecho. Tienen ya la solución. Yo vuelvo a Barcelona y sigo peleándome en el aeropuerto para pagar con la maldita tarjeta…

Por cierto, le pedí permiso a mi amigo el taxista para tomarlo como protagonista de mi próximo post, y se mostró encantado. Vi como anotaba mi email en su Smartphone. Vi como sus dedos efectivamente no eran de pianista. Lo mejor fue cuando le pedí su nombre y me dijo sin inmutarse ‘Sergio Ramos, para servirle con gusto’.

 

Escrito por: Lluís Soldevila

Éxito y felicidad

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Una mentalidad emprendedora busca el éxito de su proyecto. La enciclopedia online Wikipedia describe éxito como “la consecución de un objetivo”. Si nos vamos a la Real Academia Española (RAE) se refiere al mismo concepto como “el resultado feliz de un negocio o actuación”.

 

Tanto un diccionario como el otro coinciden en la definición del éxito como la consecuencia de ver satisfecha una meta que, como hemos visto en muchos post, es lo más parecido a lo que llamamos felicidad. Sustento esta relación en la idea de que el logro de un objetivo (éxito) nos conduce a una emoción positiva o placentera (felicidad). Por lo tanto, salvando el hecho de que el primer término suele estar emparentado al mundo material y el segundo a cuestiones más intrínsecas como las emociones, la felicidad es la consecuencia del éxito (o, por lo menos, una de ellas).

 

Como hemos dicho, la felicidad es un estado interno que, si bien no podemos comprar, sí podemos aprender. Para ello requerimos de dos elementos tan concretos e imprescindibles como son la metodología y la disciplina. Aleluya,…  parece que ser feliz ya no es sólo un privilegio de las almas elevadas sino materia de estudio del campo de la ciencia. Así, importantes economistas como Richard Layard, psicólogos como Martin Selingman, neurólogos de la talla de Antonio Damasio, siquiatras como Luis Rojas Marcos, etc., están estudiando en profundidad  la felicidad, sus causas y consecuencias. Y es que es una cuestión de preocupación colectiva en nuestros días como demuestra el hecho de que la asigntaura más popular en los últimos años de la Universidad de Harvard la imparta el psicólogo positivista Tal Ben-Shahar y se llame “Mayor Felicidad”. El catedrático une diversión y rigurosidad académica en sus clases que se centran en la felicidad, la autoestima y la motivación como herramientas para conseguir el éxito. Todo indica que con un poco de ganas, perseverancia y por qué no el dinero para pagarte dicha asignatura, todos tenemos la capacidad de ser felices.

 

felizAdemás, debemos aprender a disfrutar de este camino puesto que de esta manera los resultados son siempre superiores. Es por ello que suelo acompañar mis clases con música y videos con los que intento impregnar de algo de felicidad a los alumnos porque los conocimientos de esta manera se quedan mejor impregnados. Y es que debemos desmitificar el dolor y silenciar  todas aquellas populares y obsoletas máximas como “la letra con sangre entra” que tanto daño nos hacen. Considero que la relativización del dolor es fundamental para dejar entrar a la felicidad en nuestra vida. “Recordar que vas a morir es la mejor manera que conozco para evitar caer en la trampa de pensar que tienes algo que perder”, declaró Steve Jobs. El fundador de Apple tomó conciencia a raíz de la enfermedad que lo llevó a la muerte que no hemos venido al mundo a sufrir y que debemos disfrutar del camino a pesar del  esfuerzo y la perseverancia que exige.

En este sentido, recientemente leí un artículo del reconocido siquiatra Luis Rojas Marcos en el que asegura que el “sufrimiento ni te hace más sabio ni mejor persona”. Me decanto por este postulado ya que hay quienes opinan que cada golpe en la vida fortalece pero desde mi punto de vista esta visión es errónea. Personalmente considero que los verdaderos acicates de nuestro aprendizaje son las marcas que los golpes imprimen en cada uno de nosotros. En su último libro Secretos de la Felicidad (Espasa), el doctor explica que la felicidad viene en los genes y todos nacemos con la potencialidad para vivirla así que la actitud más inteligente es la de quien proactivamente decide aprender sin necesidad de que la vida lo golpee.

Por otro lado, la metodología nos indica que debemos hacer muchas cosas pequeñas que nos hagan felices, es decir, tener hábitos que nos conduzcan hacia la felicidad. Ya lo dijo Aristóteles, “somos lo que hacemos cada día”, de modo que la excelencia no es un acto sino un hábito. El zumo de naranja por la mañana, el momento de lectura antes de ir a dormir, ir a buscar a tu hijo al colegio…, pequeñas rutinas de felicidad de las que acabarás siendo inconscientemente competente. La felicidad es un camino que se construye mediante hábitos simples y satisfactorios como bien se retrata en el experimento “Haciendo feliz a Slough” dirigido por el psicólogo Richard Stevens. Después de 3 meses trabajando con 50 personas de la localidad de Slough (Reino Unido), los expertos identificaron 10 medidas para aumentar la felicidad. Así reza el dichoso decálogo:

1- Cuidar una planta o un animal.

2- Recordar cada día cinco cosas positivas de la vida.

3- Salir a caminar.

4- Hablar durante más tiempo con los seres queridos.

5- Llamar a un amigo que no se ha visto por mucho tiempo.

6- Reírse.

7- Realizar ejercicios por lo menos media hora al día, tres veces por semana.

8- Sonreír a personas desconocidas.

9- Reducir a la mitad el tiempo que se dedica a mirar televisión.

10- Realizar tareas en beneficio de la comunidad.

 

El resultado fue un éxito y los voluntarios notaron que al final del experimento habían incrementado notablemente sus niveles de felicidad.

¿Y tu? ¿Tienes tu decálogo? Y lo más importante: ¿lo cumples?

Escrito por: Lluís Soldevila

SEMANA DEL 30 DE JUNIO AL 4 DE JULIO

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La causa de tu actitud está en ti mismo

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En mi post anterior, hablé de la importancia del cambio como ya hice en mi primer post.

Fue justo esa semana cuando, estando en un programa de televisión,  el presentador me soltó una frase que me dejó perplejo: ‘Esto que tu propones no es fácil’. Mi mirada habló por sí sola. ¿Queremos cosas fáciles acaso? ¿O perseguimos que nuestros proyectos tengan éxito? Estoy seguro de que si estás leyendo este post eres de los segundos. Eres de los que tiene mentalidad emprendedora. Y a pesar de que tu ya sabes que no es fácil, me gustaría hablar de cómo gestionar esta mentalidad, esta actitud. La buena noticia es que sólo hay dos maneras de adoptar una actitud adecuada.

La primera de ellas es tan simple como ir a la sección de autoayuda de la librería más grande tu ciudad y comprar el libro “Cómo ser feliz, bajar de peso y hacerse millonario trabajando 4 horas al día y sin esfuerzo”. Seguro que has visto unas cuantas veces un libro con título semejante que promete resultados efectivos con esfuerzos mínimos y además perdurables. Esta no es la fórmula que recomiendo sino que me decanto por la de actuar sobre la verdadera causa de tus actitudes. Isaac Newton ya parecía entenderlo cuando enunció la Ley de la Acción y Reacción en la que asegura que para cada acción hay una reacción correspondiente. Sin embargo, este concepto viene de mucho antes, pues ya Sócrates desarrolló la Ley de Causa y Efecto. Con diferentes nombres estas leyes se refieren a lo mismo: todo lo que hacemos pone en movimiento una causa que trae una consecuencia, positiva o negativa. No existe el azar, la buena o la mala suerte, sólo resultados de acciones. La gente inteligente se focaliza en las causas y no en los efectos. No se nos ocurrirá ante un pinchazo hinchar el neumático (el efecto es que se ha deshinchado) sino reparar el pinchazo (causa). De La misma manera, para dejar de estornudar al coger un catarro, lo que haremos es tomar un medicamento (causa) y no taparnos la boca para no estornudar (el estornudo es el efecto).

Así pues, la gran pregunta es: ¿Cuál es la causa de tu actitud? Es probable que tu respuesta sea que la causa está fuera de ti (lo que te ha pasado, lo que te han dicho, lo que has visto…). Pero, no mires afuera, la causa de tu actitud está dentro de ti y, más concretamente, en tu cerebro. Los pensamientos que generes en él, son la causa de tu actitud, que es el efecto. Tu no eres dueño de lo que pasa en el exterior, pero si de cómo lo interpretas. ¿No te pasa que cuando reflexionas acerca de cualquier tema tienes la sensación de que estás sosteniendo un monólogo interior? Desde este punto de vista, podríamos considerar que el pensamiento es como una “habla interna”. Si observas durante un día a tu mente, te darás cuenta que hay una serie de pensamientos y diálogos internos que se repiten una y otra vez y que, además, van totalmente a sus anchas, sin orden ni concierto. El problema es que estos pensamientos son el motor de la posterior emoción que te conduce hacia la acción. Y es a través de esas acciones que conseguimos los resultados. Por lo tanto, así funcionamos:

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Este es el funcionamiento normal, que se ve totalmente cortocircuitado en ocasiones extremas de dolor o sufrimiento. En estas situaciones, se produce lo que se conoce como secuestro amigdalar, y se activa esta zona de nuestro cerebro emocional o límbico menos evolucionado, y sin capacidad racional. Pero por suerte, estas cosas pasan pocas veces en la vida. ¿Cuántas veces te ha pasado que al comenzar el día se te ha colgado el ordenador y esto te ha amargado la jornada? Pues bien, este nefasto efecto en nuestro estado de ánimo por algo tan insignificante es absolutamente innecesario. De la misma manera que eres tú quien decide darle cuerda a los pensamientos también eres tú quien decide cómo gestionar la situaciones en tu vida. Observa que antes de que una emoción aparezca y te empuje hacia una acción determinada lo primero en surgir son los pensamientos. En pocas palabras, los pensamientos anteceden a las emociones. En este sentido, te invito a pensar en alguien que para si sea una persona de referencia, alguien a quine admires y en quien te inspires para mejorar. ¿ Se trata de una persona equilibrada? ¿Controla sus emociones? Muy probablemente la respuesta sea un sí, y la clave de ello radica en su capacidad de controlar sus pensamientos.

Aquí tenéis el enlace a su vídeo:

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Escrito por: Lluís Soldevila

Éxito y Felicidad

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Estaremos de acuerdo en que los emprendedores buscan el éxito. La enciclopedia online Wikipedia describe éxito como “la consecución de un objetivo” mientras que la Real Academia Española (RAE) se refiere al mismo concepto como “el resultado feliz de un negocio o actuación”. Tanto un diccionario como el otro coinciden en la definición del éxito como la consecuencia de ver satisfecha una meta que, como hemos estado analizando a lo largo de este libro, es lo más parecido a lo que llamamos felicidad. Sustento esta relación en la idea de que el logro de un objetivo (éxito) nos conduce a una emoción positiva o placentera (felicidad). Por lo tanto, salvando el hecho de que el primer término suele estar emparentado al mundo material y el segundo a cuestiones más intrínsecas como las emociones, la felicidad es la consecuencia del éxito (o, por lo menos, una de ellas).

éxitoPero la búsqueda de la felicidad no es algo nuevo sino que ha sido una preocupación para los seres humanos desde los comienzos de la historia. En cualquier caso, creo que no existe una definición de felicidad general a todo el mundo puesto que cada uno de nosotros abanderamos, a través de nuestra experiencia, una combinación de objetivos y valores única. Así como podemos llegar al mismo lugar por diferentes caminos, cada uno puede (y debe) encontrar su propia manera de ser feliz haciendo aquello que le resulte satisfactorio. Sin embargo, existen ciertos aspectos generales de este estado de ánimo que es para todos igual como el hecho de que es analógica y continua y no digital y discreta. Con ello quiero decir que no tiene principio y fin sino que es un proceso que nos lleva toda la vida. Un camino acorde con nuestros valores que comienza con una decisión proactiva. Así es, salir de nuestra propia infelicidad pasa por un inevitable cambio en nuestro modus operandi de vida que no es apto para perezosos. Si no eres feliz, empezar a hacer aquellas cosas que sabes que tienes que hacer y dejar de hacer las que no contribuyen a tus propias cuotas de felicidad implica un cambio de paradigma en tu día a día. Por lo tanto, para no desfallecer en el intento debes tener una convicción firme que suavice el esfuerzo de todo lo nuevo que debes emprender. También, es importante tener conciencia de que este camino no es plano ni va en continua subida, como bien nos gustaría, sino que es un terreno escarpado trazado a través de montañas, llanos y barrancos. No obstante, lo importante no es cuan bajo o alto llegues sino que la media sea positiva y para ello los altos deben ser la norma y los bajos la excepción.

Además, debemos aprender a disfrutar de este camino puesto que de esta manera los resultados son siempre superiores. Es por ello que suelo acompañar mis clases con música y videos con los que intento impregnar de algo de felicidad a los alumnos porque los conocimientos de esta manera se quedan mejor impregnados. De hecho, remontándome a mis años de estudiante escolar mis mejores recuerdos provienen de algunas asignaturas que no pertenecen a mi área profesional. Así, en Historia tuve a un magnífico profesor que nos hacía reír y nos explicaba  su asignatura como quien cuenta un cuento. El resultado era óptimamente evidente: el promedio de calificación de la clase era mucho más elevado que en otras asignaturas ya que el camino de aprendizaje se basaba en la diversión. Y es que debemos desmitificar el dolor y silenciar  todas aquellas populares y obsoletas máximas como “la letra con sangre entra” que tanto daño nos hacen. Considero que la relativización del dolor es fundamental para dejar entrar a la felicidad en nuestra vida. “Recordar que vas a morir es la mejor manera que conozco para evitar caer en la trampa de pensar que tienes algo que perder”, declaró Steve Jobs. El fundador de Apple tomó conciencia a raíz de la enfermedad que lo llevó a la muerte que no hemos venido al mundo a sufrir y que debemos disfrutar del camino a pesar del  esfuerzo y la perseverancia que exige.

exitooEn este sentido, recientemente leí un artículo del reconocido siquiatra Luis Rojas Marcos en el que asegura que el “sufrimiento ni te hace más sabio ni mejor persona”. Me decanto por este postulado ya que hay quienes opinan que cada golpe en la vida fortalece pero desde mi punto de vista esta visión es errónea. Personalmente considero que los verdaderos acicates de nuestro aprendizaje son las marcas que los golpes imprimen en cada uno de nosotros. En su último libro Secretos de la Felicidad (Espasa), el doctor explica que la felicidad viene en los genes y todos nacemos con la potencialidad para vivirla así que la actitud más inteligente es la de quien proactivamente decide aprender sin necesidad de que la vida lo golpee.

Por otro lado, la metodología nos indica que debemos hacer muchas cosas pequeñas que nos hagan felices, es decir, tener hábitos que nos conduzcan hacia la felicidad. Ya lo dijo Aristóteles, “somos lo que hacemos cada día”, de modo que la excelencia no es un acto sino un hábito. El zumo de naranja por la mañana, el momento de lectura antes de ir a dormir, ir a buscar a tu hijo al colegio…, pequeñas rutinas de felicidad de las que acabarás siendo inconscientemente competente. Esto te permitirá liberar memoria que quedará libre para llenarla con otros conocimientos. Por increíble que resulte, en estudios con enfermos terminales a los que les quedan 6 meses de vida muchos de los encuestados declaran que por primera vez se sienten vivos. Esto se debe a que, viendo la proximidad de la muerte, comienzan a apreciar las cosas simples de la vida como respirar, dar un paseo, la fragancia de una flor, el afecto de los familiares, etc. La felicidad es un camino que se construye mediante hábitos simples y satisfactorios como bien se retrata en el experimento “Haciendo feliz a Slough” dirigido por el psicólogo Richard Stevens. Después de 3 meses trabajando con 50 personas de la localidad de Slough (Reino Unido), los expertos identificaron 10 medidas para aumentar la felicidad. Así reza el dichoso decálogo:

1- Cuidar una planta o un animal.

2- Recordar cada día cinco cosas positivas de la vida.

3- Salir a caminar.

4- Hablar durante más tiempo con los seres queridos.

5- Llamar a un amigo que no se ha visto por mucho tiempo.

6- Reírse.

7- Realizar ejercicios por lo menos media hora al día, tres veces por semana.

8- Sonreír a personas desconocidas.

9- Reducir a la mitad el tiempo que se dedica a mirar televisión.

10- Realizar tareas en beneficio de la comunidad.

El resultado fue un éxito y los voluntarios notaron que al final del experimento habían incrementado notablemente sus niveles de felicidad.

Y por cierto, no puedo evitar que éxito se escribe con A.

Escrito por: Lluís Soldevila

Las Redes Sociales son los aceleradores de los emprendimientos

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Hasta la irrupción de este mundo hiper conectado  emprender implicaba, en otras cosas, tener espalda durante varios años para posicionar la marca,  el producto o el servicio. Había que contar con  los recursos económicos necesarios para hacer publicidad y prensa en los medios tradicionales. Y dependiendo de la competencia en cada rubro y sector de actividad, llevaba muchos años ganar una pequeña porción del mercado.

Hoy el mundo digital pone al alcance de cualquiera la posibilidad de presentar una empresa en sociedad con una inversión infinitamente menor y a muchísima más velocidad.

Las redes sociales están ayudando a nivelar el juego entre los líderes de una industria y los advenedizos, entre los ejecutivos de las grandes corporaciones y los propietarios de PyMes, convirtiendo a todos los participantes en pares.
¿Cuáles son las reglas que debe seguir el emprendedor para acelerar su posicionamiento a través de las redes sociales?

  • Utilizar los medios sociales para construir su negocio

El emprendedor  en la etapa de start-up, tiene que ocuparse de múltiples tareas que, con el tiempo, podrá ir delegando. Por tanto, gran parte de los emprendedores consideran que el tiempo dedicado a los medios sociales es una distracción respecto de las tareas centrales para la gestión de su nueva empresa.

La clave radica en la forma en que deben usarse los medios sociales: Generando entradas a su blog, puede mostrar su expertise y vincular el desarrollo de tópicos a la práctica real.

El blog debe estar integrado en su sitio web, para lograr los dos objetivos principales: demostrar su experiencia aportando contenido de valor y hacer visible su oferta al mismo tiempo.

Las plataformas sociales serán los canales para difundir los mensajes y generar tráfico hacia el blog/web.

En resumen, con esta actividad el emprendedor logra venderse a sí mismo y a su empresa.

  • Producir contenidos de calidad

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Ya sabemos que el  contenido de calidad es el que resulta útil,  valioso e interesante para las audiencias (no es contenido promocional o publicitario de la empresa).

La mejor estrategia para un emprendedor es lograr un mix entre el contenido de producción propia y el contenido de terceros.

El emprendedor se hace visible como líder de pensamiento sobre un tópico, cuando produce un post o un paper, pero también cuando nos acerca contenido útil y valioso  producido por terceros. Internet tiene “de todo”; pero encontrar aquello que nos aporta, es un trabajo de muchas horas de navegación y lectura. Por tanto, seguir las lecturas seleccionadas por un experto en la materia, le ahorra a la audiencia mucho tiempo y es realmente apreciado.

  • Centrarse en un nicho específico

Las redes sociales son ruidosas y para destacar hay que hacerse dueño de un tema en particular. La posibilidad de generar seguidores y consumidores del contenido se duplica, respecto de quienes se posicionan como generalistas.

  • Ser abierto y relacionarse con sus públicos.

En las redes sociales es importante estar disponible para el público.  Hay que hacerle saber a la persona que hizo un comentario o retweeteó nuestros posts que “nos hemos enterado y lo agradecemos”. Elegir un ícono para “responder”, implica poco trabajo y genera fuertes lazos con los seguidores dado que no se sienten ignorados por el líder a quien siguen.

  • Abrazar la cultura única de cada red social.

Hay que aprovechar la singularidad de cada red. En general, los usuarios aún con presencia múltiple en varias redes, sólo accede con frecuencia a dos de ellas. Una vez identificadas, el emprendedor puede planificar cómo gestionar una y otra.

En varias investigaciones se ha determinado que la vigencia promedio de un post (con enlace a un artículo) es de aproximadamente 3 horas. Es en ese lapso de tiempo cuando recibe la mayor cantidad de de clics.

Por tanto, sí se puede postear el mismo link repetidas veces pero de forma diferente en función de la red:

–         En Twitter se puede postear 3 o 4 veces al día para llegar a las audiencias con diferencias horarias.

–         En Facebook y Linkedin esta práctica podría considerarse spam. Sin embargo, puede postearse una vez al día durante una semana o más si el contenido aportado es muy valioso (por ejemplo un informe o whitepaper).

En síntesis, si el emprendedor genera y selecciona contenido valioso, planifica la publicación y dedica una hora al día a “agradecer a su público”  por difundir el contenido,  habrá logrado hacerse visible en el mundo digital en un período de tiempo breve y sin desembolsar en inversión publicitaria.

Genoveva Purita

Consciencia y Competencia

Hemos hablado ya de el  DAFO Personal ®, como uno de los elementos claves en la metodología del éxito. Si duda es una de las claves, pues actúa en la también vista fórmula del valor aportado, donde uno de los sumandos eran las habilidades adquiridas. Los útimos post los hemos dedicados a la Actitud, el factor más importante de la fórmula, y hoy los dedicaremos a ver la importancia del procesos cognitivo. Una vez que decidas qué habilidad nueva debes adquirir o mejorar, el siguiente paso es saber cómo hacerlo. Para comenzar lo más importante es ser consciente de lo que debes emprender.  Fíjate en este recuadro y verás porqué el DAFO Personal® te podrá ayudar a ello.

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Antes de cualquier aprendizaje somos inconscientemente incompetentes, es decir, no sabemos aquello que no sabemos. Quienes se encuentran en este estadio suelen vivir en una feliz ignorancia que es indicativo de un total estancamiento en el cual no hay evolución o avance. Por ejemplo, un marciano que apareciera en la Tierra sería inconscientemente incompetente de la habilidad de conducir un coche porque, entre otras cosas, ni siquiera sabría lo que es.

Una vez superada esta fase, nos encontramos con la consciencia incompetente en la que abrimos los ojos a nuestra inhabilidad. El marciano se ha dado cuenta de su incompetencia y quiere salir de ella.

Después de esta toma de consciencia entramos al estadio de la inconsciencia competente en la que emprendemos acciones para ganar la competencia que nos falta. La fase inconscientemente incompetente del marciano pasaría por ir a la autoescuela para aprender a conducir. Recuerda tú la primera vez que condujiste en la que, seguramente, estabas tenso al intentar mantenerte alerta a todos los detalles. Sii llevas ya unos años frente al volante seguro que ahora eres capaz de conducir al tiempo que hablas o desarrollas un pensamiento completamente ajeno al coche. Así, en esta etapa se desenvuelven la mayoría de actividades de tu vida y salir de ella para evolucionar hacia la superior (en la que eres conscientemente competente, o sea, un maestro) es lo más difícil.

En este tramo del proceso de aprendizaje es en el que te ayudará el DAFO Personal®  para saber cuánto tienes que trabajar tu actitud con el fin de lograr un buen exponente. Por lo tanto, trabaja en todos los aspectos de la fórmula preguntándote qué es lo que debes cambiar para no seguir haciendo las mismas cosas esperando resultados diferentes. Y, sobre todo, confía en tus capacidades porque está demostrado que el éxito no depende ni de los estudios ni del lugar donde hayas nacido. Buena muestra de ello es Steve Jobs que, siendo hijo adoptado, no lo tuvo nada fácil para estudiar y consiguió un éxito sin precedentes que dependió únicamente de él mismo.

Escrito por: Lluís Soldevila

La no creación de talento

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Después de mucho pensar sobre la creación de talento, he llegado a la conclusión de que el talento NO se crea. Tampoco creo que sea como la energía, pues pienso que el talento si que se puede destruir. Creo más bien que el talento está ahí y hay que transformarlo y hacerlo aflorar, y esta reacción se lleva a cabo a nivel individual para expandirse a la organización.

Según el diccionario, en los antiguos pueblos del Mediterráneo y Mesopotamia el talento era una unidad de peso que rondaba los 20 kilogramos. Y yo me pregunto: ¿sería posible averiguar una manera de medir el talento, entendido como lo entendemos hoy en día? Sería sin duda la manera inequívoca de saber si estamos creando en nuestra organización.

La buena noticia que quiero dar es que es factible hacerlo, y me gustaría enseñaros la fórmula a la que he llegado. El cálculo sumaría las habilidades adquiridas y habilidades innatas. Es decir, lo que los nuestros padres nos dieron sumado a lo que hemos aprendido por experiencia y formación. Desgraciadamente habría también un factor divisor que sería el tiempo: en igualdad de habilidades, gana el que las consiga más rápido. Finalmente, tendríamos un factor exponencial del  cociente y, por tanto, el más importante: la actitud, el ingrediente más importante de la fórmula del talento. Evidentemente la ‘base ‘ es importante, pues si es nula tenemos lo que en consultoría llamamos el tonto motivado. Pero lo que realmente llevará a valores notables de talento es el exponente.

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Surge pues ahora una doble pregunta: ¿cuál es la actitud adecuada y cómo conseguimos tenerla? Desde mi punto de vista no existe LA actitud adecuada. Se trata más bien de un sumatorio, en este caso de 4 componentes, que deberían ser obligatorias para maximizar el talento aportado:

  • Proactividad, o la capacidad de identificar el propio círculo de influencia y ampliarlo.
  • Ilusión. Está muy de moda hablar de entusiasmo pero pienso que no todo el mundo puede alcanzar este estado. Lo que si que todos debemos tener es ilusión
  • Responsabilidad. Los humanos somos auténticos especialistas en generar excusas, y aceptar que lo que nos pasa es en la mayoría de casos responsabilidad nuestra es una actitud que nos hará crecer.
  • Optimismo. Las gafas del optimismo son las únicas que nos pueden hacer soportable lo que estamos viviendo. No podemos cambiar las cartas que nos tocan, pero si la manera en que las jugamos.

Sabida la actitud o actitudes adecuadas, nos preguntamos ahora: ¿cómo hacemos para tenerla? Y la respuesta de nuevo está en nosotros mismos: la actitud nace del nosotros. Más en concreto de nuestro cerebro. Por tanto, sabiendo esto, haremos lo que hacen las personas inteligentes: actuar sobre la causa y no sobre el efecto. Esto quiere decir trabajar nuestros pensamientos antes de que nuestras emociones. Pero esto no es fácil y es ahora cuando, sabida la ‘A’ más importante, la actitud entran en escena dos ‘A’ además, que formarán la triple ‘A’.

La segunda ‘A’ es el autoconocimiento. No podemos controlar nuestros pensamientos sin conocernos y saber nuestros puntos fuertes y débiles. El autoconocimiento es una poderosísima herramienta, que nos determina la situación inicial o punto de partida.

reputacionLa conexión entre la primera ‘A’ (actitud) y la segunda ‘A’ (auto) nos da una pista sobre qué nos traerá a valor más altas de talento: centrarnos en lo que sabemos hacer y nos gusta. No nos centramos en mejorar nuestros puntos débiles sino en potenciar nuestros puntos fuertes, todos tenemos algo en lo que brillamos. El autoconocimiento mediante técnicas como el DAFO Personal® nos dirán cuáles son estas cosas. ¿Alguien se imagina a Messi intentando mejorar sus habilidades defensivas?

La tercera ‘A’ es la acción. La acción que nos permitirá hacer que las cosas pasen. La acción que nos hará sentarse en el asiento del conductor y dirigir nuestra vida hacia el destino que queremos. Resulta muy interesante La ley de la atracción, pero yo pienso que en este momento tenemos que pasar a la acción. Y no hay acción sin objetivos: hay que recordar que un objetivo sin un plan sólo es un deseo.

La conexión entre esta última ‘A’ (la acción) y las otras dos (el autoconocimiento y la actitud) nos determinará el vector director de nuestra acción. El cruce de la acción y el autoconocimiento nos permitirá decidir cuál es el arma más adecuada para cada situación. El cruce de acción y actitud nos dirá lo mental que nos hemos de posicionar. Recordemos que somos nosotros los que lo decidimos. Aquí mandamos nosotros.

Así, la actitud es lo que en última instancia determina el valor que aportamos a nuestras organizaciones, y ese valor aportado podría ser un buen medidor del talento. Así pues, esta fórmula que os he propuesto podría ser como aquella que usamos para calcular el ROI de un proyecto pero, en este caso, medimos el valor aportado por un individuo a la organización, que es para mí la mejor definición de talento en un entorno de empresa.

Como emprendedores, debemos ser capaces de gestionar los elementos vistos anteriormente. Por ello, dedicaremos los próximos post a analizar su gestión.

escrito por: Lluís Soldevila

¿Microsoft compra Nokia? Mejor reinventarse

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Primera semana de septiembre. La vuelta al cole para los adultos. Uno de los dos momentos del año en que más propósitos nos hacemos, más objetivos fijamos y más listas con todos ellos rellenamos.  Fíjense si no en la ingente cantidad de fascículos y coleccionables que con los que no ametrallan estos días las editoriales.
Si queremos aprender ganchillo o completar la colección de cascos de MotoGP, sin duda ahora es el momento. El otro gran momento es, como no, el inicio del nuevo año. Llegado el momento, hablaremos de sus particularidades.

Pero hoy quiero hablar de la reinvención y, sin duda, el momento de tomar la decisión es en muchas veces esta primera semana.  Y hablaré en primera persona, pues en una visita comercial esta mañana, he tenido que responder por enésima vez a la misma pregunta: “¿Qué hace un ingeniero hablando de actitudes, rendimiento, innovación y equipos?”. La respuesta lleva unos minutos y siempre convence, pero inevitablemente, he tenido que hablar de mi reinvención. Y siento dos cosas al hacerlo. La primera, desde siempre, el sentimiento de que nunca he dejado de ser yo, y que mi crecimiento profesional me ha llevado a seguir haciendo lo que hacía bien y a dejar de hacer lo contrario.

Por tanto prefiero evolución, palabra que me apasiona y que ha sido tomada en el sentido más antropológico por Banc Sabadell en su última campaña, una de las mejores que jamás he visto. Evolución es cambio, movimiento, acción, como dijimos en nuestro primer post. La segunda es más reciente, y es una cierta pereza por la palabra, que entre todos hemos gastado. Hoy en día parece que si no te reinventas, no eres nadie. ¿Se ha vuelto acaso obligatorio? ¿Debemos reinventarnos todos? Recientemente fui tomado como abanderado de la reinvención en un programa de televisión, y tuve que explicar que en absoluto es así, no sin cierta tensión …

Lo curioso es la casualidad en las fechas. Un 4 de Septiembre como hoy, pero de 1995, iniciaba mi trayectoria profesional en Deutsche Bank. Esa, decía, sería la invención. Y fue también en la primera semana de Septiembre del 2010, cuando comuniqué a mi jefe que lo dejaba, que iniciaba mi camino. Aquí la reinvención.

Y en esta nueva etapa, ya en el tercer año, sigo haciendo apología de la reinvención, como ya lo hacían los Secondhand Smoke Machines en su disco Reinvent Yourself, allí por el 1970 (otra casualidad, en año en que nací). O como lo hizo ya Mark Towers, dándonos 28 consejos en el 1995. Finalmente fue el gran Mario Alonso Puig quien hizo entrar en nuestro vocabulario la reinvención, con su gran libro “Reinventarse”.

camaleonMi apología parte, como todo mi discurso, de las metodologías aprendidas, y es por ello que a mi, la palabra que realmente me gusta es reorientación. Y la tomo prestada de otro grande como es Michael Porter, uno de los padres del management moderno. Según él, la estrategia adecuada es la de reorientación cuando en su matriz de estrategia nos encontramos en la celda donde se cruzan puntos débiles y oportunidades, identificadas a partir de un DAFO, uno de las herramientas de consultoría más utilizadas. Veremos con todo detalle la gran utilidad de esta herramienta en nuestro próximo post, y su encaje en nuestro papel de emprendedores.

Si eres un emprendedor, si no eres una gran corporación, tengo una buena noticia. No sólo tienes capacidad de innovar como vimos en el post anterior. Tu pequeño tamaño te hace ágil. Tu mochila es fácil de vaciar. Tu capacidad de regate, rompedora. No pueden decir lo mimo algunos monstruos como Microsoft, en prensa estos días por la supuesta jubilación de Steve Ballmer y por la compra del negocio de móviles de Nokia.

Su gigantesca dimensión no le ha permitido evolucionar, reinventarse, y en pleno siglo XXI sigue vendiendo CDs y ha perdido una década, seguramente una de las importantes en la historia de la informática.

Eso sí, su futuro exCEO fue capaz de reinventarse: paso de ser el empleado número 30 de la compañía allí en 1980, con responsabilidades financieras, a protagonizar más adelante hilarantes spots, o motivar a sus colaboradores de un modo totalmente personal.

Escrito por: Lluís Soldevila

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